Aquí i ara només lletres...

dimecres, 19 de febrer de 2014

A la Justicia…

No estudié en tus universidades, ni estoy entre esos nombres de expertos que hablan sobre tus virtudes…

Hoy me dirijo a ti como la idea que eres para mi, y he decidido ponerte rostro, el de una mujer, al fin y al cabo, tu sonoridad es femenina…Así, eres la mujer más importante que conozco, en medio de una gran tormenta en el mar, como el mástil inquebrantable que resiste la embestida constante de los que pretenden estar por encima de la ley. La única capaz de discernir el bien del mal en este océano de mareas, sin intereses, ni distorsiones de ningún tipo, desde una imparcialidad radicalmente democrática.

Tú has formado parte de las estructuras de Estado, de su arquitectura burocrática y conoces a la perfección sus itinerarios, el poder desde dentro, su mentalidad, sus defectos, sus impurezas…como sus fortalezas cuando amenaza. Y  porqué amas más que a nada esa idea del Derecho como mecanismo de protección de los sin poder, de los expuestos ante los abusos y de los que sin la ley estarían desamparados, eres la única que te puedes enfrentar a los complejos dispositivos de perversión internos de tu organización que erosionan e impiden las reformas necesarias para la evolución natural del crecimiento y su desarrollo. No lo hagas desde la posición de una maestra comprometida, sino, desde la actitud de una legisladora osada, porque el caos ya está entre nosotros, cada vez es menos sutil y no se le reconocen escrúpulos…

Tú deberías ser la máxima garantía del rigor procedimental, todos los pasos, uno detrás de otro y sin saltarse ninguno. Sin puertas giratorias, ni pasadizos secretos, ni falsas promesas…Todas las pruebas de buena fe, del proceder correcto, de una diligencia digna de honorabilidad. Honor y valor, como fuerza y templanza, la verdad y la claridad como estandartes para salvaguardar tu insobornable libertad de acción y decisión sin condicionantes, ni agravantes…a pesar de tus vicisitudes.

La justicia es una idea un tanto solitaria, la puedes mirar a los ojos, pero no se deja atrapar por amantes caprichosos para caer en banalidades materialistas, no entiende de estatus económico, ni de ambiciones personales, es toda ella la esencia de la razón pura, vocación de servicio público con estricta integridad ¿Cómo si no, dictar un impecable veredicto, una justa sentencia…?

Para reconocerte como la Justicia, esa mujer en la que cree plenamente basándome en el significado del código de normas, ético y civilizado, debes demostrar que realmente estás en esa dimensión superior que la etimología de tu nombre nos revela y por consiguiente, conlleva una mayor auto exigencia. No son los cientos de horas de tu trabajo incansable lo más importante, ni la impunidad de tu leyenda, lo transcendental, en este tiempo, es que seas capaz de cumplir lo que dictas, de forma realista, sin que nadie pisotee tus principios como ilusorios, los valores que presumo conforman tu mapa mental, el articulado del que estás hecha y que constituye un molde consistente. Me temo que ahora existen demasiados actores a tu alrededor que distorsionan esa base sólida. La justicia no escoge un bando, ni se decanta hacia un lado de la balanza, debe ser siempre ecuánime...desde fuera de las cosas, sabiendo lo que son por dentro.

¿Toda esa experiencia y preparación orgullosa de qué servirá, si después queda relegada a poderes ajenos a lo que conocemos de ti, pero forma parte de tu historia particular…? ¿Quién es en verdad la Justicia? Su sino no comienza con ese Yo quiero! si no con ese otro Qué puedo hacer yo para ...!

La justicia construye las normas, es entidad suficiente, identidad independiente. No consientas ni portavoces, ni emisarios de tu ley, pues tarde o temprano los roles se confunden y quien debería liderar y ser la voz, se convierte en una sucesión de ecos de letras que dictan otros… 

Mi admirada Justicia….Pensarte no es suficiente, debo reconocerte por tus hechos y tu equidistancia no ayuda. Invítame a participar de tus reformas, cada día algo nuevo que incorporar en la mochila, la cortesía de los titulares, no es suficiente para conocerte en profundidad. La tuya es una causa demasiado importante como para quedarse en la superficie.