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dijous, 7 de novembre de 2013

La Complejidad


La condición humana es un enigma. A veces creemos conocernos a nosotras mismas y llega un momento en el que actuamos de un modo sorprendente. No se trata de superación o transformación en ese reinventarse puntualmente como consecuencia de circunstancias extraordinarias, no. Ni siquiera de evolución, creo que está relacionado con el azar universal (lo que no podemos prever) de lo inesperado. No lo sabemos todo, ni de nosotras mismas, ni de los otros, ni del conjunto…Tal vez es una parte del ser, humana, no explorada que un buen día, se presenta y cambia el rumbo…

Están sucediendo multitud de hechos que constatan cambios significativos, señales que nos indican que algo se está moviendo en otra dirección de las certezas ya conocidas, practicadas… El mundo (como ecosistema racional, civilizado) no es complejo, lo somos las personas que lo construimos, que lo vivimos y lo modificamos constantemente, de forma consciente intencionadamente, o fruto de una inconsciencia activa. Esos hechos y seguramente las razones que los impulsan tienen un origen, un punto a partir del cual se produce el cambio de pensamiento, de actitud, de expresión y de acción.

Quizás es el miedo, la inseguridad, la incertidumbre, el hartazgo, la desorientación que nos incapacita para abrirnos a otras interpretaciones. Quizás es la confirmación de las diferencias esenciales que se detectan y emergen justamente en tiempos de crisis y nos hacen distanciarnos de unos y aproximarnos a otros. O el impulso de autoafirmación para referenciarnos como originalidad intelectual, realidad cultural, conocimiento singular, en un ambiente de fricción competitiva extremadamente agresiva.

Sucede en los espacios de lo social, lo político y lo económico, como en la privacidad de la vida íntima y de la vida pública en el roce con los demás. Ocurre en la profesión, en el puesto de trabajo, en la cámara legislativa, en la escalera, en la asociación de barrio, en la clase de estudio, en el espacio de las coincidencias políticas, como en el salón de casa…

No estamos libres de complejidad, nos acompaña en cada paso que damos, por cada sendero en el que nos aventuramos, en cada proyecto que anhelamos construir. Tal vez, este sea nuestro “Talón de Aquiles” el no saber cómo afrontar la complejidad nos hace más vulnerables y nos impide evolucionar como colectivo, nos paraliza y nos arrastra a un viaje regresivo y de confrontación con los otros, supuestamente que piensan de manera diferente.

Me pregunto ¿Cómo sería una sociedad en la que todos los seres humanos quisieran ser líderes, quisieran tener el control de todo, ser los únicos poseedores de la verdad de lo que hay que hacer y cómo…? Después de tanta inversión en horas de conocimiento, algo tan intangible y voluble como el orgullo y la intransigencia hace estragos…en procesos de carácter trascendental.

Afortunadamente, el tiempo es un facilitador de la gestión de la complejidad, conforme va fluyendo en un océano de horas, días, semanas, meses y años, se va conformando la ruta, ese mapa que no vimos entonces…Y se van desvelando esas “señales” que nos ayudan a comprenderla mejor para tratar de convivir con ella, sabiendo que ni te puedes escapar de ella, ni la puedes sortear.

Ante tal complejidad, la situación nunca es ni ideal, ni perfecta, pero sí posible para crecer y desarrollarnos en una misma dirección que creo nos estimula a todos por igual, construir un mundo mejor.

A veces, para alcanzar ese mundo que todos deseamos, la complejidad nos arroja a situaciones sumamente delicadas. Depende de nosotros, de cómo enfoquemos sin duda alguna, esos otros retos que van por debajo de la piel del gran reto en el que todos pensamos.

Así, quien compite contigo no tiene por qué ser tu enemigo, como tampoco lo es, quién no quiere involucrarse en esa competición... Del mismo modo, el amigo de tu competidor directo, no es tu rival, ni tu enemigo…

Un buen recurso para gestionar mejor la complejidad es cosechar respetabilidad, y reconocimiento, algo así como establecer una reputación que preceda, desde la sinceridad transparente de aceptar la realidad tal como es. Esto no será nunca del todo, confianza, pero sí un primer paso para establecer unas bases elementales que no descarten más adelante, otros posibles caminos conjuntos, con esos con los que ayer competiste…Siempre existen otras posibilidades como escenarios, otras combinaciones, otros objetivos compartidos, si el sueño es ir de verdad hacia ese horizonte de algo mejor para todos.