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diumenge, 23 de desembre de 2012

Mi querido “Jo”



Hoy hago un viaje hacia dentro…

La esencia de una misma, esa que sólo me atañe a mí, y no tiene extensión, no hay implicaciones con otros, ni responsabilidad con terceros…

Esa que siempre anda a su aire, sin reglas demasiado estrictas, aunque con la distinción diáfana de lo que quiere y no quiere. De lo que desea y por lo que siente, una educada formalidad inherente a su condición de persona…De lo que conoce e ignora, por lo que siente curiosidad y explora..

Así que hoy, dialogo con mi “Jo”. No sé si es innovador este diálogo introspectivo…Algunos pueden pensar que en verdad sigue siendo un monólogo. ¿Por qué? En fin, no escribo esto para rebatir argumentos ajenos. Esta es mi selva de letras, mi habitación gramatical, la esfera segura desde la que expresarse sin interrupciones ruidosas. La opinión es meridiana, el pensamiento es transparente.

Pero, ¿Y qué soy? Una pregunta filosófica recurrente en un mundo tan enajenado a costumbres, protocolos, compromisos, horarios, responsabilidades, hábitos, etiquetas, segmentos, mercados…Sin duda, a simple vista parece un interrogante retador.

A veces me pregunto si el verdadero desafío del cambio hacia un mundo mejor, es saber quién es cada cual y sentir esa singularidad, como algo definitorio. “Ser” en este mismo instante o en otro mundo posible desde este conocido, pero con principios, valores y normas muy distintas a las que se han pasado por alto, o quedaron obsoletas, se extinguieron como una especie que deviene inimitable…A lo mejor, no es así, y todo puede reproducirse, ¿Quién sabe? Porque la ciencia, la tecnología, si de algo pueden presumir es que son unas excelentes plagiadoras del sistema natural, humano…Pero lo que no está garantizado es que cambiemos con el tiempo…Creo que lo que se produce es más una sustitución temporal, por adaptación, por contexto que un verdadero proceso evolutivo, siempre pensando desde dentro…Serán cosas mías… ¿Qué ha cambiado en profundidad en 30 años?

La singularidad es emblemática en tiempos complejos como este. Pero no me siento como una pieza distinta del engranaje social, ni como un eslabón perdido de una cadena hegemónica. Me siento parte y dis/parte. Correlación y disipación personalizada, alumbramiento colectivo y claridad particular, impulsión sin un motor vehicular, sólo mis energías hacia cualquier destino que me interese…

Llegados hasta este punto, otra pregunta existencial. Más que ¿Adónde voy? ¿Qué persigo? La famosa causa superior o la búsqueda intimista…

La ecuanimidad entre aportar a la sociedad, por ejemplo, y la de tomar de la vida lo que te complemente para ser feliz.

Aportar. ¡Qué gran concepto humano! La metáfora de la generosidad…

Dar, darse a una causa mayor…una forma hermosa de experimentar el ser sociable, cooperante, solidario, activista entregado a una misión transformadora concreta.

Tomar. ¡Qué gran responsabilidad colectiva! Nunca demasiado, sino en su justa porción. El saber conformarse con ese universo para sí, sin abarcar el de los demás. Tal vez, este sea el principio de la armonía global.

Ese tomar puede ser otra persona, a través del amor, puede ser la belleza en su sentido espiritual, mental, pictórico como quien capta el realismo y la conexión en una imagen…Puede ser un lugar que te da fuerzas, puede ser el concepto de comunicación exterior, escuchar, comprender y tomar/aprendiendo de los otros.

Hay muchos "puede". Quizás se trata de una paleta de colores…de matices y calideces distintas…

Un viaje hacia dentro...