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diumenge, 14 d’agost de 2011

Las Damas del Louvre. El arte es todo un misterio

París siempre es una buena opción en verano para visitar el Louvre y a sus dos espectaculares Damas: La Gioconda y La Victoria de Samotracia, dos mujeres, dos historias y algunas intrigas aún por resolver. 

La pasión que despertó la obra de Leonardo ha llevado incluso a que un 21 de agosto de 1911, hace ya cien largos años, fuera robada de forma misteriosa por un “supuesto” empleado del mismo museo. Demasiado previsible y aburrido para cualquier mente dotada de una suspicacia ecléctica. Y más que por amor al arte, o por el sentido patriótico, yo creo que conociendo la sutileza y el sentido profundo de Leonado en la transmisión de sus menajes, esa mujer, su sonrisa y el lienzo en el que el artista plasmó su amor secreto, escondía mucho más. Tal vez, lo interesante del asunto sea mantener el misterio vivo y que jamás se desvele su verdad, así, nuestra imaginación puede dejar rienda suelta a la fantasía que tanto nos complace en estos suspenses artísticos. 

La leyenda de Samotracia quizás no despierta tantas pasiones, y aunque aún no se conoce con exactitud su autor, algunas fuentes señalan, a Pithókritos de Rodas. Tampoco se ha podido datar con certeza la fecha de su creación, la más reconocida es la que la sitúa hacia comienzos del siglo II antes de Cristo. Sobre el “sentido” y “el motivo” de su creación también existe cierta controversia. Se dice que cuando se descubrió se pensó que fue mandada esculpir por Demetrio Poliorcetes para conmemorar su triunfo naval en Salamina sobre la flota de Ptolomeo Sóter en el año 306 a. C., Así que debemos imaginar que una vez más, la figura femenina no sólo era objeto de deseo, sino que se utilizaba como símbolo de una victoria. La pregunta es. ¿En qué mujer se debió inspirar su autor para realizar tan bella escultura? Bueno, lo que conocemos de ella, pues su rostro nunca apareció, es muy posible que esté enterrado en las submarinas aguas del cristalino Mediterráneo y algún día aparezca y podamos descubrir ese otro misterio y poner cara y expresividad a una figura también, admirada por muchos. No deja de ser una intriga holística el hecho de que su “cabeza” precisamente el núcleo del intelecto, no esté presente, eso da para unas cuantas interpretaciones. La obra sugiere en gran medida un relato histórico de una época helenística en plena ebullición y al mismo tiempo, un interrogante sobre el poder femenino tan temido y envidiado por los hombres comunes y en consecuencia, una suerte de destino incierto para esas mujeres que de objetos deseados, pasaban a ser amenazas considerables. ¿Quién sabe? "He aquí otro misterio".