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dissabte, 5 de març de 2011

Historias urbanas....Esencias de mujer

Ayer tuve un sueño...

Soñé con una mujer que salía de su casa una mañana cualquiera. No tenía un estado de ánimo especialmente diferente, su rostro era como el de cada día cuando se retocaba ante su espejo. Pero esa mañana ocurrió algo diferente.

La mujer salió a la misma hora de siempre hacia su trabajo, pero esta vez la dirección que tomó fue otra.

Iba cargada hasta los dientes con sus cosas... De repente, mientras esperaba en el paso de peatones para pasar al otro lado de la calle, se desprendió de su maletín y continuó andando como si nada. Su cara no se inmutó ni un milímetro. Más adelante, al cruzar otra calle, sacó de su bolsillo el móvil y lo dejó caer en una papelera. Y siguió caminando en silencio. Algunas personas que vieron este gesto se quedaron perplejas, pero nadie se dirigió a ella.

Al cabo de un buen rato de su nuevo y misterioso trayecto, se paró un segundo cerca de un puente desde el que podía divisar a lo lejos el horizonte y entonces, acarició su portátil que lo llevaba colgado de forma cruzada y se desprendió de él. Lo dejó allí mismo, en la acera abandonado y continuó su camino.

La mujer parecía saber hacia donde se dirigía y en cada parada que había realizado era como si soltase lastre... Continuó esta vez, un recorrido más largo hasta llegar a un parque en el que había unos niños jugando. Los contemplo unos momentos y después, dejó su bolso sobre uno de los bancos de madera y siguió caminando.

Prácticamente se había deshecho de todas las cosas con las que había salido de casa. Ahora iba ligera de equipaje, sólo ella y nada más, pero los tacones comenzaban a hacerse incómodos, así que poco después, se paró al lado de una tienda de ropa y se desprendió de sus zapatos.

Se había des-digitalizado del todo y ahora caminaba descalza por las calles de la ciudad. En el sueño, al final, la mujer acaba en una plaza desierta. Cuando llegó, se quedó pensativa contemplando el movimiento del agua de una fuente que había en su centro. Se podía apreciar que se sentía feliz, hasta sonreía ligeramente y al contrario de lo que parecía, al alzar  la vista divisó al otro lado de la plaza a otra mujer que como ella, había llegado hasta allí y también iba descalza.

El mensaje. Es abierto, a cada cual con su interpretación.

Yo sólo he narrado un sueño que tuve...